Zona cero de la tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo. Foto: Axel Hernández.

TLAHUELILPAN.- En el predio de San Primitivo ha comenzado a renacer la hierba y algunas plantas silvestres. Familiares de las personas que fallecieron en Tlahuelilpan, Hidalgo, celebran un rosario alrededor de un racimo de cruces que recuerdan a seres queridos muertos durante la explosión del 18 de enero de 2019 en una toma clandestina de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Las familias se unen para hacer más llevadera su pérdida y resistir juntos la discriminación y el estigma de que son víctimas. En los pueblos, los vecinos saben quiénes eran los que murieron en ese accidente: choferes, albañiles, mecánicos, vendedores de esquites, comerciantes… Pero afuera, en los medios de comunicación y las redes sociales les lanzan burlas y calificativos denigrantes sin importar el dolor y la revictimización de las familias, dice Guadalupe Reyes, víctima y representante de las familias ante las autoridades.

El ducto fue tapado con tierra y sólo los troncos de los árboles quemados revelan el lugar preciso donde brotaron los litros de gasolina que se convirtieron en lumbre.

A unos metros de ahí, las familias levantaron capillas en recuerdo de su familiar. Una está pintada de azul y le han dejado un par de carritos, un vaso con dulces y otro con refresco. Una cruz recuerda que Hugo nació en 2005.  Las capillas de los niños Francisco R., de 12 años, estudiante de la Secundaria 257, y Éver Jesús R., nacido en 2004, aún no están construidas pero sus familiares apartaron un lugar con una cruz.  El gobierno de Hidalgo otorgó el terreno y las familias pagan los gastos de construcción.

Capillas en construcción para recordar a los muertos. Foto: Axel Hernández.

Martín Gómez Muñoz aplana el techo de la capilla de su yerno Nabor Hernández, un joven que se dedicaba a arreglar camiones y tráileres. “Lo invitaron, según estaban regalando gasolina en la toma… a mí también me invitaron, pero esa vez tenía revoltura y no pude venir, sino hasta a mí me hubiera tocado”.

El de Tlahuelilpan fue un accidente que afectó en su mayoría a jóvenes y adolescentes porque había que estar aptos y ágiles para trepar y meterse en una zanja en medio de sembradíos de alfalfa. “Había gente que ni llevaba nada, sólo vino por ver y aquí se quedaron…era gasolina que ni servía porque como había agua en la zanja se contaminó”, relata Martín, de 55 años, recién regresado de Estados Unidos donde trabajaba como albañil.

Le duele que los soldados y los policías dejaran pasar a tanta gente, “hubieran guardeado alrededor (…) los grandes sí sabían lo que hacían, ¿pero los niños? ellos qué culpa tienen de que hayan quedado (muertos) por otras personas”, afirma Martín quien deberá hacerse cargo de su hija viuda y su nieto.


“Que ya no siga eso (huachicol)”: Martín Gómez, habitante de Tlahuelilpan.
 

La danza de cifras por ese hecho es histórica: 137 personas muertas, de las que 17 eran madres. De los cuatro heridos enviados al hospital especializado de Shriners, en Galvestón, Texas, sólo dos lograron sobrevivir: Alán H., de 15 años, y Emanuel M., de 17 años.

La ola expansiva de la desgracia llegó a 70 kilómetros a la redonda y dejó a 194 niños sin uno o dos de sus padres, informó la directora del DIF estatal, Patricia González.

Huérfanos de la tragedia

Localidad Huérfanos Distancia de zona cero
Tlahuelilpan 74 0 km
Tlaxcoapan 57 5.1 km
Tezontepec 42 67.1 km
Atitalaquia 10 10.2 km
Ajacuba 3 16.1 km
Mixquiahuala 2 12.1 km
Tepetitlán 2 29.3 km
Tetepango 1 12.1 km
Otros 3 NA
Total 194

La tragedia llegó hasta Uruapan, Michoacán, de donde era uno de los fallecidos y dejó un hijo huérfano; otra de las víctimas era un migrante guatemalteco que se asentó en Tlahuelilpan y dejó dos hijos en su país.

La explosión de Tlahuelilpan se dio en el marco de la estrategia implementada por el gobierno federal para combatir el robo de combustible —anunciada el 27 de diciembre— consistente en cerrar los ductos de Pemex, lo que dejó a Tlahuelilpan, como a muchas comunidades y ciudades, sin gasolina: “hubo muchas fugas antes, pero en ninguna se había presentado escasez de combustible, pero en esa ocasión se rebasó todo. Ya había muchas personas que tenían sus negocios parados, vehículos que no tenían combustible”, relata el alcalde de Tlahuelilpan, Juan Pablo Cruz.

En el poblado de Presas, municipio de Tezontepec, a 10 kilómetros de la zona cero, está la casa de María Guadalupe Villeda. Ella perdió a su hija y a su yerno.  Cuida de sus dos nietos con secrecía porque, dice, hace poco unas mujeres desconocidas llegaron a preguntarle si ahí regalaban niños.

Jessie y Vale se enteraron por mensajes de WhatsApp que había una toma en la que estaban regalando gasolina y fueron al lugar. Por la noche Guadalupe se enteró que andaban allá. “Me dirigí al lugar, todavía había llamas, andaban ambulancias, bomberos, carros entraban y salían, había policías y militares, pero no nos dejaron entrar (…) con listas corrían para un lado y otro y yo iba detrás de ellos, veía que salían ambulancias y yo me quería colgar en ellas, a ver si estaba ahí mi hija y me dijeron: ‘no se preocupe señora, algunos se los llevaron en helicóptero’. Pero desafortunadamente no fueron los míos”, dice Guadalupe despacio, con la mirada perdida.

Guadalupe Villeda fue a buscar a los suyos esa noche.
 

La ayuda recibida hasta junio de 2019 consistía en el pago de gastos funerarios, una despensa mensual para sus nietos y el compromiso de inscribirlos en los programas sociales del gobierno federal.

“Tanto Gobierno como Pemex son los responsables, porque yo no supe a qué hora fue que empezó a salir la gasolina, pero, así como cerraron la válvula después de la explosión, la hubieran cerrado antes… para mí sí se pudo haber evitado”, considera Guadalupe.

Acepta compartir su testimonio porque no quiere que nadie más viva una tragedia así, “quedan mucha gente desamparada, niños, ancianos, adultos, mujeres embarazadas, viudas. Hay mucho dolor en las personas y no hay palabras para describir qué se siente, saber que viste a tu hija a una hora y después ya no está, y en las condiciones que sucedió”.

En mayo de 2019 la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJH) entregó los restos de 51 víctimas que faltaban de identificar con pruebas de ADN. Eso revivió las heridas para muchas familias que no terminan su duelo. Diego Peña llora afuera del panteón municipal de Tlahuelilpan, perdió a sus dos hermanos, César Uriel, de 24 años, y Óscar, de 22. Uno fue sepultado al interior del panteón y el otro afuera, en el anexo que se abrió para dar cabida a tanto cadáver.

Panteón de Tlahuelilpan, la corrupción mata. Foto: Axel Hernández.

Este día, 7 de junio de 2019, César cumpliría años, por eso vinieron a visitarlo, él, su madre y su viuda. Diego se lamenta por “lo que les tocó” a sus hermanos. Tiene coraje y busca quien se la pague, pero no halla dónde ni quién.

Más y más tomas clandestinas

A escasos 3 kilómetros de la zona del siniestro, ese día de junio pasado los trabajadores de Pemex trabajan en el cierre de una nueva toma clandestina. Platican que los delincuentes trabajan de noches, camuflados en los campos de maíz. No les sorprende que, pese a la tragedia, se sigan pinchando ductos de Pemex porque, dicen, mucha gente de estos pueblos cree que tiene el derecho. Cuando acuden a cerrar un ducto, refiere uno de los trabajadores, “reclaman que les quitamos su manera de vivir…muchas veces nos dejan cartulinas con letreros de ‘Déjennos trabajar’”.

Una aplicación en su celular muestra los puntos a donde han acudido a reparar tomas clandestinas el último año: el ducto que explotó en Tlahuelilpan (Tuxpan-Toluca) se ve como un panal de abejas, una toma clandestina encima de otra. “Tapas una y al día siguiente aparece otra, las dejan preparadas con materiales hechizos para regresar al día siguiente. Es un cuento de nunca acabar”. Un cuento de 484 alertas recibidas al día por el Centro de Monitoreo de Pemex durante los días de la explosión, según informó el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo.


Control de fugas, trabajo sin fin.
 

En otro punto, en la comunidad de Tlaxcoapan, vecino de Tlahuelilpan, al menos 13 trabajadores de Pemex intentan controlar otra fuga, una de mayor dimensión, para la que utilizan un camión cisterna de recuperación de gases, un equipo de energía y ocho camionetas. Los gastos por reparación es otro ángulo del problema del huachicol porque cuesta millones al erario e incluye patrullas y personal de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para garantizar la seguridad de los trabajadores de Pemex.

La tragedia de Tlahuelilpan no inhibió el delito en Hidalgo: de enero a abril de 2019 se registraron mil 885 tomas clandestinas, 211% más que las 605 halladas durante el mismo periodo de 2018. Al conmemorarse un año de la explosión, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que Hidalgo es el estado con más tomas clandestinas del país y el Centro Nacional de Prevención de Desastres contabilizó en 85.6 millones de pesos el costo económico de esa tragedia.

Sus pobladores están cada día más involucrados en esta actividad ilícita; en mayo Sedena informó que tieneidentificados 45 pueblos ligados al huachicol en 10 municipios.

Estos hechos ilustran el deterioro del Estado de Derecho en Hidalgo. En el Índice de Estado de Derecho en México 2019-2020, del World Justice Project (WJP), el estado obtuvo un puntaje de 0.42, en una escala del 0 al 1, donde 1 significa un mayor apego al Estado de Derecho. Esta calificación lo coloca en el lugar 10 de las 32 entidades del país, dos lugares debajo de la posición que alcanzó en la edición anterior.

De hecho, el estado sufrió una caída en uno de los ocho factores que componen el Índice, Orden y Seguridad, que mide si el estado es efectivo en garantizar la seguridad de sus habitantes, aspecto en el cual obtuvo un puntaje de 0.52, por debajo de la calificación de 0.57 que obtuvo en la edición anterior de esta herramienta.

¿Un acto deliberado?

“En esa ocasión se rebasó todo”: Alcalde. Foto: Coizta Grecko B.

“Lamento decirlo, pero para mí quien falló fue Pemex”, dice Juan Pablo Cruz Frías, alcalde de Tlahuelilpan.  Su aseveración se basa en el tiempo de respuesta que tuvo la petrolera para cerrar la válvula del ducto e impedir que el energético siguiera fluyendo, lo que pudo haber evitado la explosión.

El alcalde cuenta que tras la explosión llegó al lugar y vio como la flama empezó a bajar en 15 o 20 minutos. “Yo soy mecánico y he trabajado en termoeléctricas, y sé que es el tiempo que tardaría un ducto de acero en despresurizarse”.

“En el momento en que estalló y se quemó la gente decidieron cerrar la válvula. ¿Por qué no la cerraron antes? Para tapar sus porquerías (el robo), porque en una fuga no puedes cuantificar cuánto combustible se está tirando”.

El día de los hechos, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, explicó que la fuga fue detectada por personal de la Sedena a las 2:30 de la tarde, que dieron aviso a Pemex y se siguió un protocolo que “establece en qué momento debe cerrarse una válvula, y es cuando baja a determinado nivel de presión (…) y esto sucede a las 18:20 horas”.

Al alcalde le dijeron “que los tuberos (de Pemex) andaban fuera; que los ductos estaban ocupados”.

A su parecer, “en Pemex existe la mayor corrupción porque ellos permitieron que creciera esto. Se dice que el huachicoleo (perforación de un ducto para robar el combustible) sólo era un porcentaje mínimo, que lo que se robaban en la refinería eran pipas y pipas y lo que faltaba, lo justificaban por estas fugas. Entre más tiempo pasara un derrame, a ellos les convenía”.

Camión donado por Pemex al municipio de Tlahuelilpan, apoyo insuficiente. Foto: Axel Hernández.

El presidente Andrés Manuel López Obrador justificó entonces su estrategia de cerrar los ductos en varios estados del país: un día se robaron más de mil pipas y quienes monitoreaban no aplicaron el protocolo de cerrar los ductos, “por eso se tomó la decisión de cambiar al personal de la Dirección del Monitoreo Central de los Ductos”. Por su parte, el fiscal general Alejandro Gertz informó el 6 de mayo que tenían identificados a quienes convocaron a la población al lugar del siniestro y un proceso de investigación contra el personal de Pemex por su respuesta durante la fuga, “hay una discrepancia entre los protocolos frente a una situación tan grave como la que se vivió”.

Sin embargo, un año después de la explosión no hay detenidos por estos hechos y Pemex reservó por cinco años toda la información del caso.

—¿Ese día se rompió el Estado de Derecho en Tlahuelilpan?

“Sí y a la mejor pudiéramos caer en diferentes responsabilidades, ciudadanos y autoridades. Nosotros (policía municipal) llegamos a pensar que el Ejército era suficiente y nos mantuvimos en apoyo.  Pero a quién podíamos recurrir si el Ejército ya estaba aquí, ellos fueron los primeros en llegar, el primer respondiente y nosotros somos 20 elementos”, explica Cruz.

Relata que a todos los huérfanos de su demarcación el gobierno federal los ingresó al programa del Bienestar, pero eso no resuelve el problema de fondo en su municipio que es la falta de empleo para tantos jóvenes.

Fuera de la refinería, dice, las únicas fuentes de trabajo son el campo y el tianguis dominical, para una población de 19 mil 389 habitantes (INEGI-2015), más los 4 mil jóvenes que asisten a la Escuela Superior de Tlahuelilpan.

Por eso pide apoyo para lograr alguno de sus tres proyectos: la reubicación del tianguis, un parque ecoturístico con la tirolesa más grande del mundo, de tres kilómetros, y la creación de un museo de la bruja.

La corrupción mata

Familiares construyendo capillas en la zona de la explosión. Foto: Concepción Peralta.

La explosión de Tlahuelilpan mostró crudamente cómo la corrupción cuesta vidas humanas y destroza familias. Ese 18 de enero estallaron varias anomalías: la negligencia o corrupción al interior de Pemex, la incapacidad de los cuerpos de seguridad municipal, estatal y federal—al no saber acordonar una zona de peligro— un desabasto de gasolina que paralizó a las familias y los costos por la permisibilidad de un delito que no se castiga: de 166 explosiones registradas de 2015 a 2019, la entonces PGR abrió 41 carpetas de investigación y sólo logró cuatro detenciones.


La zona de la explosión meses después, memorial para las víctimas.
 

El robo de combustible es un indicador importante para evaluar el Estado de Derecho, explica la periodista Ana Lilia Pérez, autora de varios libros sobre la corrupción en Pemex. El huachicol “es un fenómeno muy complejo y tiene que ver cómo en muchas comunidades se acepta esta práctica. La gente que participa dice ‘el petróleo es de todos los mexicanos’ y lo ejerce como un derecho de propiedad”.

Y el caso Tlahualilpan debe ser visto en el contexto de toda la corrupción sistemática dentro de la petrolera, “porque la muerte de estas personas es una consecuencia directa de la corrupción que toleró esta práctica, que inició en el entorno inmediato de Petróleos Mexicanos hasta involucrar a gente que no era del sector, y la vinculación de las comunidades de deriva del crecimiento del mercado negro. Creo que es un ejemplo muy claro de que la corrupción mata”.

Tlahualilpan, dice, fue muy visible por el número de víctimas que dejó, pero no fueron las primeras. En la Cuenca de Burgos (Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León) había personas asesinadas del entorno petrolero por la ocupación de criminales del Cártel de Golfo o los Zetas, en Puebla las comunidades participaban en el llamado “triángulo rojo” del huachicol, con enfrentamientos, y en Guanajuato, muchos de los índices de violencia están asociado al robo de combustible.  “Pero no se había dado una atención al problema. Tlahualilpan representa el efecto que ha tenido el robo en la sociedad y en costo de vidas”.

La periodista coincide con la teoría del alcalde. Las tomas clandestinas “eran una fachada porque el gran volumen de robo era mediante transferencias, por ejemplo, vía marítima, de barco en barco, y se registraba contablemente como merma por proceso técnico”.

En el gobierno de Enrique Peña Nieto llegó al área de Seguridad de Pemex el general Eduardo León Trauwitz (subdirector de Salvaguarda Estratégica) con la instrucción de que no reportaran todas las tomas clandestinas, “se manipulaban, no solo mecánicamente sino contablemente, para justificar los faltantes que tenía Petróleos Mexicanos”.

—¿Se recuperó el Estado de Derecho en Pemex?

“El tema de robo de combustible es un indicador importante para evaluar el Estado de Derecho.  Es algo que va caminando, pero es importante ver que la estructura sindical ha permanecido intocable y no se va avanzar así, y puedo hacer esta consideración por el contexto que tengo y las investigaciones que he hecho de los empleados sindicalizados de Pemex, de cómo ese personal empezó con esta mecánica de robo de combustible. La corrupción no es algo que termine por decreto presidencial.

Camión donado por Pemex al municipio de Tlahuelilpan, apoyo insuficiente. Foto: Axel Hernández.

Es un gran paso que da el actual gobierno, porque además diseñó una estrategia que va en distintas vertientes, encaminada a detectar, con trabajo de inteligencia, a los grupos que participan, hasta las reformas que tienen que ver con el tema de la extinción de dominio, la facturación falsa (…) todo es parte de un paquete bien diseñado que está encaminado precisamente a recuperar el Estado de Derecho.

Pero esto también tiene que ver con la cultura de la legalidad, no es solo un tema de Gobierno, es un tema de la sociedad y un punto medular para que funcione.  Debe haber una conciencia de la propia sociedad, de reconocer el acto como ilegal y revalorar la vida misma, tener conciencia que un bidón de gasolina puede costarles la vida. Tlahuelilpan es una lección muy lamentable, pero la gente sigue participando en esta actividad, exponiéndose a hacer escudo humano para defender huachicoleros. Entonces el Estado de Derecho tiene que ver con la participación de la ciudadanía y la toma de conciencia, que aún no es suficiente pese a esta lección tan grave”.

Refinería de Tula, a 13.7 kilómetros de la zona de la explosión. Foto: Coizta Grecko B.

Al cumplirse un año de la explosión:

El general Eduardo León Trauwitz tiene orden de aprehensión y sigue prófugo

El robo de hidrocarburo cayó en 94%, según datos del Presidente

No hay un solo detenido por la explosión de Tlahuelilpan

El huachicol vira hacia el gas LP, las tomas clandestinas crecieron 480% (agosto-2019)

El alcalde sigue sin recibir recursos para sus proyectos.

Acerca del autor:
Concepción Peralta Silverio. Periodista independiente, especializada en temas de justicia social, egresada de la UNAM y maestrante de Periodismo y Políticas Públicas en el CIDE. Pertenece al colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad. Fue editora de Estados en El Universal y coordinadora web en NoticierosTelevisa.com. Autora de Espiral del pobreza del libro Los 12 mexicanos más pobres. Twitter: @CPeraltaS